Perfiles

Narrativas de paz en contextos educativos rurales. Voces de maestros y maestras

Para conquistar la humanidad es más importante adentrarse en los procesos de construcción de la humanidad que en lo que se determina como una hoja de vida.

¿Quiénes somos al reflexionar lo que hacemos? 

La educación rural tiene rostro de humanidad. Siguiendo la frase escrita por Svetlana Alexiévich (2013), aparecida en su libro La guerra no tiene rostro de mujer, la educación rural colombiana tiene rostro de la maestra que cada madrugada bate su chocolate para recibir a sus estudiantes en el aula con el desayuno, rostro del estudiante que cuelga sus zapatos al hombro para no mojarlos durante sus recorridos entre charcos, quebradas y ríos hacia la escuela, rostro del padre de familia que manda a su hijo mayor a estudiar en un microbús interveredal a la capital del país, después de haber tenido una jornada de recogida de café. Allí fluye la realidad de cuánto de humano hay en un ser humano.

Nuestro recorrido en coexistencia nos ha permitido comprender que la investigación sobre la educación rural en Colombia palpita entre comprensiones de la tradición investigativa y las formas reconstructivas y reflexivas en que hemos venido hallando su propio lugar: (i) un replanteamiento epistemológico sobre las maneras de comprender lo educativo y lo pedagógico; (ii) un desplazamiento de las grandes estadísticas que nos explican una realidad invariable a perspectivas situadas, encarnadas, humanizadas y enrostradas en la comunidad educativa; (iii) un desocultamiento del tema urbano-rural, no solamente como una brecha social sino como irrupciones, grietas y fisuras, con epistemologías más comprensivas, socio-críticas y enfocadas en lo representativo, lo simbólico-ritualizado y lo corporeizado.

Maestros y maestras de ojos dispuestos, jóvenes trotadores de balas, saltadores de ríos, estudiantes escribidores de piedras, amantes de gotas de lluvia, campesinos sonrientes en penuria, rectores ilustres de zapato deshecho de tanto pulir.

Apostamos por que la investigación sea el eje estructural y estructurante de toda formación profesional y posgraduada. Las vocaciones de los jóvenes estudiantes de licenciatura de la Universidad de La Salle –voces que cantan no al unísono sino auténticamente disonantes– arropadas en las Expediciones Pedagógicas Situadas para descifrar en la acción la tierra como un mar verde, el mar de olas montañosas. La ruralidad entreverada de urbe, la lejanía más allá de lo lejano, y sus irrupciones más profundas: 1 de cada 4 colombianos hace parte de la población rural; el 44 % de esta población se encuentra en situación de pobreza multidimensional; el 86 % de los grupos étnicos en Colombia no tiene acceso a una educación relacionada con su cultura, contexto o cosmovisión; más del 32 % de las poblaciones indígenas no sabe leer ni escribir; un niño urbano recibe más de un 50 % adicional de educación que uno rural (en el 2016, 5,5 años en la zona rural y 9,6 en la zona urbana); la infraestructura escolar tiene brechas básicas en acceso a servicios de gas (80 % sin acceso), agua (63 %) y energía (16 %). Y, por último, los docentes en escuelas rurales trabajan con muy pocos recursos: los maestros y maestras rurales no tienen acceso a una red de conocimiento para intercambiar buenas prácticas, ni acompañamiento en el aula, o suficiente material de apoyo.

La igualdad entre un palo de plátano que circunda los caminos montañosos con el morichal arisco en el silencio de la tarde que cae. El asombro de las cosas que el lenguaje aún no nombra.